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Impacto económico de la IA, primer semestre 2025

La primera mitad de 2025 nos ha confirmado que la inteligencia artificial ya no es una promesa sino un impulsor tangible del crecimiento económico, la productividad y la reconfiguración laboral, que se mide en billones de dólares. Las cifras (y las tensiones derivadas) empiezan a perfilar una nueva normalidad económica y social. Las empresas han adoptado la IA, y ahora su desafío es cómo desenvolverse en un mercado que ha mutado con esta tecnología.

Adolfo Fernandez
19 de agosto, 2025
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Inteligencia Artificial
Impacto económico de la IA, primer semestre  2025

2024 fue el año en el que todos nos pusimos a juguetear con la IA como si no hubiera un mañana (haciendo, sobre todo, gatitos astronautas), y el primer semestre de 2025 ha sido el de la consolidación. Todo va muy rápido. El 2024 fue una fiesta, y ahora, la mañana siguiente, en 2025, mientras tomamos un café, nos damos cuenta de que esa fiesta no ha hecho más que empezar.

La inteligencia artificial ya no es ese concept car que se muestra en ferias. Su motor ya ruge, y aunque a veces petardea, ya está en marcha bajo el capó, en la economía global.

La IA es una variable en la macroeconomía que agita los mercados y la geopolítica.

Y esta situación, como casi todo en la vida, tiene dos caras: Por un lado, una aceleración tecnológica que muchos comparan con la Revolución Industrial. Y por otro, fricciones y costes ocultos que empiezan a aflorar frenan esa aceleración.

El motor de la IA es eléctrico, pero ruge

Vamos a meterle el bisturí al primer semestre de 2025 para ver qué hay de verdad, qué hay de burbuja y, sobre todo, dónde están los dineros.

IA: ¿burbuja o nuevo motor de crecimiento?

La pregunta del millón que resuena en los despachos de los analistas (me lo ha dicho un pajarito; y bueno, este informe de PWC) es si todo este caudal de inversión en IA crea cimientos sólidos para un crecimiento sostenido, o si estamos inflando una burbuja especulativa con aire. Los datos de 2025 nos pintan un cuadro complejo, a la altura del mural del Ecce Homo de Borja.

Cyber Ecce Homo, en plena burbuja

Cifras que marean

Cuesta creer las proyecciones de los analistas. El informe de PwC de abril de 2025 calcula que la IA podría meterle un chute de hasta 15 puntos porcentuales al PIB mundial en la próxima década. Es como si de repente la economía global estuviera todo el día tomando creatina, ahora que no se habla de otra cosa (es buena para todo). Por su parte, el FMI, algo más comedido, lo deja en un impulso del 0,5% anual durante los próximos cinco años, que sigue siendo una barbaridad.

Y McKinsey apuesta que la IA generativa por sí sola podría añadir entre 2,6 y 4,4 billones de dólares anuales a la economía, hasta 2040.

Pero… aquí viene la letra pequeña: el mismo informe de PwC afirma que, si la confianza falla y la regulación se pone pesada, ese impulso se podría quedar en un mísero 1%.

La diferencia entre el éxito y el fracaso, parece que está en la confianza. ¿Pero, no es así con todo?

La confianza y la economía, siempre unidas

Este optimismo ahora mismo está poco alineado con una economía global que, según la OCDE y el FMI, sigue en un crecimiento «continuo aunque deslucido». La IA es un motor potentísimo, sí, pero en estos momentos inciertos, ¿lo será suficientemente?

FuenteMétricaProyección
PwCImpulso acumulado al PIB global próxima décadaHasta +15%
FMICrecimiento anual del PIB global próximos 5 años+0,5% anual (2025-2030)
McKinseyContribución de la IA a la economía hasta 2040$2,6 – $4,4 billones
Tabla resumen proyección de crecimiento económico por la IA según las tres fuentes

La IA ha reconfigurado las empresas, pero podría haberlo hecho mejor

Donde el impacto es más bestia y palpable es dentro de las propias empresas. La adopción se ha disparado, pero, ay amigos, ya sabemos que una cosa es comprar una herramienta y otra muy distinta es saber usarla (en este caso, para hacer dinero).

La paradoja de la rentabilidad

Los números de adopción son de locos. Según el AI Index 2025 de Stanford, un 78% de las organizaciones ya usan IA, un salto brutal desde el 55% del año anterior. Y específicamente en IA generativa (la que la mayoría conocemos), el uso se ha duplicado pasando del 33% al 71% en un solo año.

El uso de la IA va más rápido que el bulo del perro y la mermelada

Sin embargo, aquí viene la paradoja: a pesar de esta fiebre, más del 80% de las empresas dice no ver un impacto tangible en sus beneficios gracias a la IA. ¿Cómo puede ser?

La respuesta se visualiza así de fácil: Echa un vistazo detrás de tu TV, si enchufas un cacharro nuevo se monta un lío tremendo de cables. No basta con enchufar la IA. Hay que «recablear la empresa», rediseñando los flujos de trabajo desde cero.

Y esa es la parte difícil. La realidad es que casi todas las empresas están invirtiendo en IA, pero sólo el 1% se considera madura en su implementación.

El avance de la IA en diferentes frentes

La transformación está siendo muy diferente según el sector:

  • Finanzas: Son los que más dinero están invirtiendo, por ejemplo para detección de fraudes y gestión de riesgos. Los grandes bancos han aumentado su personal experto en IA un 13% en sólo seis meses.
  • Salud: Está siendo una revolución. El número de dispositivos médicos con IA aprobados por la FDA se ha disparado, pasando de apenas 6 en 2015 a 223 en 2023. Y la IA está acelerando el descubrimiento de fármacos a un ritmo que asociábamos a la ciencia ficción.
  • Retail y Consumo: Las empresas de este sector están desplegando IA en todas sus áreas: marketing, gestión de la cadena de suministro, operaciones financieras… y los servicios de atención al cliente se están renovando apoyados por IA.
  • Industrial: Aquí la IA personifica al capataz que predice cuándo se va a romper una máquina, y al inspector de calidad al que no se le escapa una. Y también es donde la amenaza de reducción de personal es más cruda: se calcula que la IA podría reemplazar a 2 millones de trabajadores del sector sólo en EE.UU. en 2025.

La Aristocracia laboral

Estamos viendo que ningún aspecto se ve tan sacudido por la IA como el empleo. Parece que estamos ante una reconfiguración de habilidades que va a crear una nueva aristocracia laboral y, si no andamos con cuidado, una nueva clase de desplazados.

Me pregunto si estamos a las puertas de una distopía.

Más Transformer que Terminator

El FMI calcula que casi el 40% del empleo mundial está expuesto a la IA, una cifra que sube al 60% en las economías avanzadas. Pero expuesto no significa finiquitado. El Foro Económico Mundial proyecta que, aunque se desplazarán 85 millones de empleos para 2025se crearán 97 millones de nuevos roles más adaptados a esta nueva distribución del trabajo entre humanos y algoritmos.

La narrativa del reemplazo masivo es, por tanto, incorrecta. La IA tiende a complementar, no a sustituir a las personas. Es lo que Reid Hoffman llama la «Superagency»: personas que, empoderadas por la IA, maximizan su creatividad y productividad. Los datos lo avalan: un programador puede ser un 21% más eficiente con ayuda de la IA, y un agente de call center, un 14% más productivo.

La Corte de la IA

Esta transformación está fracturando el mercado en una corte con tres estratos muy diferenciados:

  1. Los Aumentados: Profesionales de alto valor (estrategas, creativos, ingenieros) que usan la IA como un multiplicador de su talento.
  2. Los Nuevos Especialistas: Roles que hace tres años nos sonarían a novela de Cixin Liu, como ingeniero de prompts o especialista en ética de IA.
  3. Los Desplazados: Trabajadores en roles cuya principal habilidad, ejecutar tareas que pueden ser predecibles o que siguen un patrón, está siendo automatizada.
La nueva Corte

La consecuencia económica más directa de esto puede ser un aumento de la desigualdad de ingresos. Un desafío importante para el que parece que no hay aún respuestas claras.

Los costes ocultos de la IA

Esta fiesta de la IA de la que estamos hablando parece que tiene barra libre, pero en realidad la cuenta va a llegar y alguien la tendrá que pagar.

Los costes ocultos (o ya no tan ocultos, puesto que van haciéndose más evidentes) definirán la viabilidad a largo plazo de esta revolución:

  • La demanda energética: El FMI estima que la demanda eléctrica de los centros de datos de IA podría triplicarse para 2030, llegando a consumir anualmente lo mismo que la India hoy en día. La eficiencia energética ya no es sólo una cuestión de ecología que lucir, sino de supervivencia para las empresas del sector.
  • La desigualdad: Como decíamos, la polarización del mercado laboral amenaza con profundizar en las brechas económicas entre personas, pero también entre países.
  • La confianza: La confianza de la gente está menguando en esta era de los deepfakes y los sesgos algorítmicos en redes sociales. El fraude mediante IA generativa podría costar 40.000 millones de dólares anuales solo en EE.UU. para 2027, según Deloitte. Esta desconfianza limita el negocio y frena la adopción de inteligencia artificial.

Conclusión: un golpe de realidad

El primer semestre de 2025 nos ha venido bien a todos para poner un poco los pies en la tierra. Está claro que la IA es una fuerza de la naturaleza algorítmica imparable. Ya no es una promesa. Pero ahora que es toda una realidad, vemos que es compleja, cara y llena de matices que requieren reflexión.

Las empresas están comprobando que para que el cambio y la evolución sean reales, se requiere de más implicación que simplemente comprar un software e indicar a su equipo que lo use. Hay que redefinir procesos.

El mercado laboral se está fragmentando, premiando al que se adapta, y penalizando al que continua con sus rutinas.

Mientras tanto, la carrera se frena porque aún queda mucho por regular, implicaciones sociales que analizar, y una gran factura de la luz que pagar.

El liderazgo en esta Era de la IA será para el que mejor se adapte, sea más responsable y sepa tener la confianza de su público. 

La IA lo va a cambiar todo (sí, es una afirmación). La pregunta es, cómo vamos a digerir ese crecimiento para que no se nos atragante. Debe ser inclusivo y sostenible, para que se mantenga y conserve esa confianza que hemos visto que es tan necesaria. 

Las fiestas sólo acaban de empezar, así que acostémonos pronto: quedan muchos días por delante.

¿Está tu empresa preparada para la era de la IA? Hablemos.

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